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Dos décadas de trabajo ‘mental’

publicado a la‎(s)‎ 4 abr. 2011 3:26 por mercedes El Puente   [ actualizado el 4 abr. 2011 4:58 por Asociacion El Puente ]

El Puente se creó en 1991 para defender los derechos de las personas con enfermedad mental

Ruben trabaja en el taller en la restauración del cajón de una cómoda por encargo de un particular.

J. TAJES
ELDIADEVALLADOLID.COM

El matemático John Nash, el pianista David Helfgott; el piloto Howard Hughes; los escritores Sylvia Plath, Leon Tolstoi, Ernest Hemingway o Charles Dickens; el pintor Vincent Van Gogh; la actriz Vivien Leigh o el presidente de los EEUU Abraham Lincoln padecían algún tipo de enfermedad mental (esquizofrenia, toc o bipolaridad), pero eso no les impidió convertirse en personajes de referencia en sus respectivos campos laborales. 

Sin embargo, otros muchos enfermos mentales no han dispuesto de las mismas oportunidades y hasta hace poco tiempo eran unos «marginados sociales». Eso lo saben bien en la asociación El Puente, que lleva 20 años representando al colectivo de las personas con enfermedad mental y a sus familias. «De manera especial, reivindicamos la adecuada atención social y socio-sanitaria de los enfermos mentales crónicos discapacitados», afirma Mercedes López, directora técnica de la asociación.

Por sus instalaciones, en el barrio de Girón, pasan semanalmente más de 500 enfermos mentales. «Son personas que pierden temporalmente muchas de sus habilidades y esto conlleva perdida de amigos, de trabajo, de motivación,...Pero no son discapacitados intelectuales», reitera López.

Formación. El centro ocupacional de El Puente oferta 45 plazas para participar en los talleres de artesanía, ebanistería y jardinería.

Javier lleva 18 años en la asociación. Es uno de los más veteranos y se muestra muy orgulloso del trabajo que realizan en el taller de ebanistería. «Al principìo no teníamos nada, pero ahora trabajamos a nivel profesional y con lo que cobramos por los encargos recibimos un incentivo económico», dice emocionado. Ese ‘incentivo’ suele rondar unos 18 euros al mes, una cantidad que a Javier le resulta «elevada». Igual de entusiasmada con el trabajo en el taller se muestra su compañera Lorena, que muestra orgullosa un balancín de madera que han realizado, aunque afirma que a ella le gustaría ser médico de cabecera.

Otros como Alberto se decantan por el taller de jardinería, donde se ocupa del vivero y muestra orgulloso cómo cuida de las semillas que luego transplantará en el huerto. Él, además, vive junto con otros diez compañeros en una de los tres viviendas apoyadas de las que dispone la asociación. «Hay supervisión a lo largo del día y se les enseña a trabajar la autonomía. Es muy gratificante ver que los objetivos se van cumpliendo y consiguen apañárselas por sí mismos», dice Miguel, uno de los tutores de las viviendas.

Esta satisfacción de ver cómo consiguen de nuevo ser autosuficientes y reinsertarse social y laboralmente la viven más agudizada, si cabe, los padres de los enfermos. «Reivindicamos ante las administraciones la atención que necesitan estos enfermos, además de promover la sensibilización social y apoyar a las familias», asegura Javier, padre de un enfermo y promotor de la asociación.
Y basta pasar unos minutos con estas personas para comprobar que con la atención adecuada su vida puede volver a ser ‘normal’.    

FUENTE: El Día de Valladolid

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